Facultad de Ciencias

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Realizan una perforación de 470 metros en el glaciar más grande de Sudamérica para entender por qué avanza, mientras la tendencia general es retroceder

Fueron al Pío XI el cual ha crecido unos 10 kilómetros desde 1945.

Primero una ruta por tierra desde Punta Arenas hasta Puerto Natales, luego por mar hasta Puerto Edén y por la misma vía hasta Bahía Elizabeth, teniendo que cambiar una tonelada de equipamiento en cada paso de una expedición que reunió a más de 20 científicos de Japón, Chile y Estados Unidos. Desde barcos hasta helicópteros fueron utilizados en el recorrido que terminó en la superficie del Glaciar Pío XI ¿El motivo? Este es uno de los raros casos en el mundo, donde un glaciar está avanzando en circunstancias que favorecen el retroceso de estos grandes cuerpos de hielo.

Sorteando las cambiantes condiciones meteorológicas de la Patagonia y la naturaleza salvaje, así como los riesgos de caídas dentro de grietas,⁠ ⁠hipotermia y⁠ ⁠torceduras por lo irregular de la  superficie y el continuo uso de crampones, se estableció un campamento que alojó al grupo de científicos durante veinte días. De este modo, en la medida que el tiempo lo permitía, se llevaron a cabo mediciones con radar, el cual emite una onda electromagnética que se refleja en el lecho glaciar y así saber cual es la profundidad del hielo, medición que sirve de preparativo para la perforación misma; luego se hicieron mediciones sísmicas, esta vez se envía una onda mecánica que da luces sobre lo que hay bajo del cuerpo de hielo; se instalaron balizas de ablación, instrumentos que miden el derretimiento superficial, entre otras tareas. 

En este mismo sentido, uno de los mayores desafíos logísticos fue poder trasladar un instrumental de perforación que pesaba más de una tonelada en uno de los escenarios más hostiles del mundo. “Hubo mucha carga y descarga de cajas pesadas por laderas con barro, a veces se lograba aplicar técnicas con cuerdas y poleas para hacer el trabajo más liviano”, cuenta Paul Sandoval, Magíster en Recursos Hídricos de la UACh, uno de los dos chilenos que formaron parte del grupo que trabajó sobre el cuerpo de hielo.

El equipo humano que realizó la perforación estuvo dirigido por el japonés Shin Sugiyama (Universidad de Hokkaido), quien, actualmente es el Presidente de la Sociedad Internacional de Glaciología, por el lado de los nacionales, asistió en la labor Camilo Rada de la UMAG. Luego de dos días completos de trabajo, los científicos lograron hacer dos perforaciones alcanzando 470 metros, que son casi cuatro torres Entel, apiladas una sobre otra, de profundidad. 

“Un glaciar único, el más grande, de los pocos que avanza, es un glaciar que tiene una producción de sedimentos enorme, lo que significa una gran entrada de nutrientes al ecosistema”, describe Marius Schaefer, físico de la Universidad Austral de Chile y uno de los científicos que participó de la campaña al Pío XI.

En efecto, el glaciar está ubicado en la región de Magallanes y forma parte del Campo de Hielo Patagónico Sur, cuya superficie es superior a los 1.000 km², lo que lo transforma en el más grande de Sudamérica. 

“Los días en el glaciar son lindos. Estar en medio del glaciar más grande de sudamérica y el que más ha avanzando en el siglo actual ya hace que la experiencia sea diferente. El glaciar es gigante y súper dinámico. Hay mucha agua líquida sobre él, lo que lo hace hermoso, se ven ríos superficiales, se escucha agua fluyendo bajo el hielo, se ven enormes lagunas, es una escena diferente”, dice Sandoval.

Con la perforación se logró identificar un lecho de sedimentos y se instalaron sensores para medir la presión del agua la cual determina el movimiento del glaciar. A diferencia de la tendencia al retroceso de la mayoría de los glaciares del mundo, este glaciar ha experimentado un avance de más de 10 km desde 1945. Este comportamiento ha modificado la geomorfología de su entorno, incluyendo la formación de uno de los lagos glaciares más extensos de Chile, el Lago Greve, y el avance del frente glaciar hasta alcanzar las aguas del fiordo Eyre.

El próximo desafío es separar los efectos de la dinámica glaciar de eventuales señales climáticas que pudieran influenciar el avance del mismo, esta es la tarea que se ha propuesto el grupo de la Universidad Austral de Chile.

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