- La académica concedió su última entrevista como decana de la Facultad de Ciencias de la Universidad Austral de Chile, antes de traspasar la conducción a la Dra. Claudia Quezada Monrás, instancia en la que abordó los desafíos de su gestión y el fortalecimiento del programa Ciencia 2030 Consorcio Sur-Subantártico.
En los últimos años, las instituciones de educación superior han experimentado un aumento sostenido de liderazgos femeninos en cargos de alta dirección, fenómeno que se refleja en distintas universidades del país. Según datos del Consejo de Rectoras y Rectores de las Universidades Chilenas (CRUCH), el 26 por ciento de las instituciones está liderado por mujeres: una cifra inédita que, junto a rectoras en universidades privadas fuera del CRUCH, ha contribuido a modificar la composición de la gobernanza en la educación superior, con un sello descentralizador que se extiende hacia el sur del país.
La Facultad de Ciencias de la Universidad Austral de Chile (UACh) refleja parte de esta transformación, con la consolidación de liderazgos femeninos en su historia reciente y la incorporación de nuevas perspectivas en la conducción académica. En ese contexto, la científica y académica Leyla Cárdenas Tavie (primera mujer en asumir como decana de la Facultad de Ciencias de la UACh en el año 2020) reflexiona en esta entrevista sobre el cierre de su gestión, los desafíos de liderar una de las facultades más grandes de la universidad y el rol que ha tenido la dirección del programa Ciencia 2030 Consorcio Sur-Subantártico, desarrollado en paralelo a su decanatura.
Cinco años de gestión en la Facultad de Ciencias
Bióloga marina y doctora en Ciencias Biológicas con mención en Ecología, su trayectoria como investigadora del Instituto de Ciencias Ambientales y Evolutivas ha estado marcada por el liderazgo académico, incluyendo su rol durante varios años como directora de la Escuela de Graduados. Su trabajo ha contribuido a visibilizar el rol de las mujeres en la ciencia desde una perspectiva que trasciende el liderazgo institucional, incorporando una mirada de conocimiento situado, vinculada al territorio y a los desafíos ambientales del sur austral del país.
“La universidad es mucho más que una facultad”, responde al recordar el desafío que implicó asumir la decanatura por un segundo periodo en 2023. En sus palabras, el inicio de la gestión estuvo marcado por un proceso de aprendizaje profundo sobre la estructura institucional. “Lo primero que tuve que hacer fue estudiarme los estatutos universitarios”, señala dando cuenta de la complejidad del cargo y del sistema universitario en su conjunto en un momento de profunda crisis.
La académica de la UACh destaca que la Facultad de Ciencias “es una unidad de gran escala dentro de la universidad, tanto en términos académicos como formativos, con más de 120 académicos y más de dos mil estudiantes”, relevando la importancia de la gestión basada en datos, la organización interna y el fortalecimiento de equipos de investigación.
En paralelo a su gestión como decana, uno de los ejes centrales de su trabajo ha sido el programa Ciencia 2030 Consorcio Sur-Subantártico, iniciativa que promueve la vinculación entre ciencia, innovación y entorno productivo mediante la articulación de universidades regionales en torno a desafíos comunes. “No dimensioné que, además de ser decana, iba a ser también directora de Ciencia 2030”, reconoce.
En ese contexto, explica que la implementación del programa supuso un desafío estructural importante para las universidades del sur, ya que debieron adaptarse a condiciones muy distintas a las de las grandes instituciones de Santiago. “Las universidades regionales no tienen tantos estudiantes como exigía en ese entonces la Corporación de Fomento de la Producción (Corfo), entonces decidimos crear un consorcio y juntarnos con otras universidades para cumplir con el número mínimo de puntaje para postular”.
Esa articulación entre instituciones ha permitido sostener una estrategia conjunta de desarrollo que se mantiene desde hace seis años. “Desde 2020 venimos trabajando en esta etapa número 2 porque encontré un muy buen equipo para llevar a cabo Ciencia 2030, y eso nos permitió, entre otros puntos, identificar las brechas de la Facultad de Ciencias para generar innovación”, señala, en referencia a un diagnóstico que se originó entre 2018 y 2019 y que abrió paso a la implementación de un plan estratégico de acciones para avanzar a una mayor diversificación de proyectos, al fortalecimiento de la investigación aplicada y al desarrollo de nuevas capacidades en innovación y vinculación con el entorno productivo.
Durante el periodo 2021–2025, Ciencia 2030 consolidó una estrategia orientada a fortalecer la relación entre investigación, innovación y territorio. En este periodo, cerca de 60 tesis se desarrollaron para abordar desafíos del entorno socioproductivo, fortaleciendo la vinculación entre la formación de estudiantes y las necesidades del territorio.
A ello se suman más de 66 contratos de I+D generados desde el ecosistema del consorcio, reflejando un avance en la cultura en el cuerpo académico hacia una ciencia con mayor capacidad de transferencia y conexión con los desafíos del entorno.
Ciencia 2030 y el impulso a una ciencia conectada con el territorio
Uno de los principales cambios impulsados durante su gestión es la transformación de la forma en que se concibe la investigación dentro de la Facultad de Ciencias, que avanza hacia un enfoque más integrado, con énfasis en la innovación, la vinculación con el medio y la ciencia aplicada. “Trabajamos mucho sacando el paradigma del científico con el delantal”, sonríe.
En esa línea, explica que la idea de “científico o científica se ha ampliado, incorporando nuevas formas de producción de conocimiento vinculadas al territorio y a saberes del entorno. Hoy nos dimos cuenta de que el científico también es aquel que conversa con la gente en el campo o que toma conocimiento tradicional y lo aplica en sus investigaciones”.
Para la directora, uno de los principales logros del programa no solo se mide en indicadores, sino también en un cambio cultural dentro de las instituciones. “Creo que el mayor cambio ha sido fomentar una nueva mentalidad, entender que la ciencia no termina en la publicación científica, sino que también puede responder a preguntas del territorio, generar innovación y vincularse con quienes necesitan soluciones”.
Este cambio se ha fortalecido a través de experiencias concretas de trabajo colaborativo en el marco de Ciencia 2030. “Esto se aprendió, por ejemplo, desde la Hackatón, donde nos preguntamos cómo hacer que la ciencia responda a desafíos. Pasamos de una ciencia más hipotética, basada en la observación y la pregunta, a una ciencia por demanda, donde las preguntas vienen desde el entorno socio-productivo”.
Esta nueva mirada también abre desafíos para la formación de capital humano avanzado. En esa línea, el consorcio trabaja en el desarrollo de un postgrado consorciado orientado a fortalecer capacidades en innovación, articulando las experiencias de las universidades participantes y preparando nuevas generaciones de profesionales vinculados a los desafíos del territorio sur-subantártico.
El fortalecimiento del liderazgo femenino también ha sido parte de esta transformación. En el marco del programa, más de $139 millones del fondo destinado a iniciativas de Ciencia 2030 han sido orientados a apoyar la participación y liderazgo de mujeres en áreas asociadas a ciencia, innovación y desarrollo tecnológico, permitiendo reducir brechas en etapas tempranas e impulsar la carrera académica y emprendedora de científicas.
Un legado que continúa mirando al sur austral
En el cierre de su periodo, la decana valora la consolidación de un trabajo institucional que deja bases para la siguiente etapa de la Facultad de Ciencias:
“La posta que le pasamos a la siguiente decanatura es consolidar un trabajo que desarrollamos durante estos seis años, que ha permitido mitigar brechas que habíamos identificado. En ese sentido, destaco avances como el crecimiento del cuerpo académico y estudiantil, el fortalecimiento de proyectos de investigación y desarrollo (I+D) y el incremento de contratos tecnológicos vinculados al entorno productivo”.
También destaca la implementación de un modelo de gestión de I+D que contempla la creación de una Oficina de Investigación, orientada a la recopilación de datos e indicadores para la toma de decisiones institucionales.
En su última cuenta pública como decana, Leyla Cárdenas destacó que cada una de las decisiones tomadas durante su gestión tuvo como propósito generar mejores oportunidades para las y los estudiantes. Más que un cierre, la académica entiende este momento como una transición hacia nuevos desafíos. “No me despido de la ciencia”, señala, proyectando su continuidad en investigación y en los proyectos nacionales e internacionales que mantiene activos.
Su mirada continúa puesta en el territorio austral y en la Antártica, donde seguirá buscando nuevas preguntas desde la ciencia y preparando los cimientos para una nueva etapa del programa Ciencia 2030.
“No me despido, sigo mirando a la Antártica”, fue la frase con la que cerró su discurso.