La respuesta científica fue publicada recientemente en Science a través de una de las tres refutaciones internacionales elaboradas frente al artículo original, que proponía una cronología más reciente para el sitio, situándose entre los 8200 y 4200 años. Según el grupo de investigación, aceptar esa hipótesis implicaría reducir en más de seis milenios la antigüedad de uno de los yacimientos más relevantes para comprender el poblamiento temprano de América.
El trabajo de la UACh fue liderado por el geólogo, Dr. Mario Pino, junto a la palinóloga Dra. Ana María Abarzúa, académicos del Magíster en Paleontología UACh, así como también del vulcanólogo Dr. Luis Lara, todos ellos del Instituto Ciencias de la Tierra UACh, además de especialistas nacionales e internacionales. La refutación incluye casi 100 páginas de material suplementario y reúne evidencia estratigráfica, análisis de polen, registros de carbón y nuevas dataciones obtenidas en tiempo récord para responder a la controversia científica. Incluye una profunda refutación arqueológica liderada por el profesor Tom Dillehay.
“Los tres grupos independientes que realizaron las refutaciones coinciden en un punto: existen problemas de interpretación en el estudio original y una dispersión importante de datos que no fue abordada críticamente”, sostiene Mario Pino, quien cuestiona especialmente la interpretación estratigráfica propuesta por los autores del artículo publicado en marzo pasado.
Polen, fuego y vegetación antigua: las claves de la refutación
Uno de los elementos centrales de la respuesta científica proviene de la palinología, disciplina que estudia granos de polen preservados en sedimentos y permite reconstruir ambientes del pasado.
La Dra. Ana María Abarzúa explicó que los análisis identificaron polen característico de ambientes norpatagónicos fríos, propios del final de la última glaciación, incluyendo especies como coigüe, canelo, mañíos y mirtáceas, presentes en el territorio entre aproximadamente 15 mil y 10 mil años antes del presente.

“Registramos dos eventos de fuego en torno a los 14.500 años, justamente el período en que las personas habitaron este lugar”, indicó la investigadora. Según detalló, el ensamblaje palinológico encontrado coincide con los registros obtenidos en estudios previos realizados en Monte Verde durante la década de 1980 por el profesor Heusser, así como con análisis recientes efectuados por el equipo de la Universidad Austral de Chile. Estos resultados, afirmó, contrastan con la hipótesis del estudio cuestionado, que proponía una antigüedad holocénica cercana a los 8.200 años.
La investigadora explicó que, de ser correcta esa hipótesis, las capas inferiores del sitio deberían contener polen característico del Holoceno. Sin embargo, el equipo analizó el contenido polínico de capas sedimentarias expuestas en un corte natural del terreno de la terraza superior de Monte Verde, ubicadas bajo la ceniza volcánica Lepué —utilizada como referencia temporal— y detectó diferencias estadísticas significativas respecto de las capas correspondientes al período de hace 14.500 años analizadas previamente en el sitio.
“La terraza superior o terraza joven se forma recién después de varios eventos de sedimentación y erosión, cuando el arroyo Chinchihuapi corta verticalmente todas las capas de la Formación Monte Verde —MV-6 a MV-2— y, por ende, la terraza es algo más joven que 3.000 años antes del presente. Esa edad no tiene relación alguna con la edad de la capa que soporta la formación del sitio ni con la capa de turba que lo sella”, enfatizó la palinóloga.
Excavación pública para zanjar el debate
Monte Verde no es un sitio arqueológico cualquiera. Ubicado cerca de Puerto Montt, es considerado uno de los yacimientos más importantes del planeta para comprender la llegada temprana de grupos humanos al continente americano. Su validación internacional, en 1997, contribuyó a rechazar la llamada “hipótesis Clovis”, que sostenía que los primeros habitantes de América habrían llegado hace cerca de 13 mil años exclusivamente desde Norteamérica.
El Dr. Pino enfatiza que el debate actual no tiene solo relevancia nacional, sino mundial:
“Monte Verde no es un sitio importante únicamente para Chile; es un sitio de importancia global”, señaló, agregando que actualmente el lugar está siendo impulsado para su reconocimiento como patrimonio mundial ante la UNESCO.
Entre los puntos que cuestiona el equipo de la UACh se encuentran la interpretación de depósitos volcánicos (tefras), la lectura estratigráfica del sitio y el uso de fechados realizados sobre madera, material que —advierten— puede entregar resultados ambiguos en especies longevas del sur de Chile. Los investigadores sostienen que nuevos fechados realizados sobre sedimentos orgánicos indicarían que una de las capas utilizadas como argumento para rejuvenecer el sitio tendría menos de 7 mil años y estaría sobre, y no bajo, el nivel arqueológico de Monte Verde.
Frente a la controversia, la Fundación Monte Verde anunció que solicitará autorización al Consejo de Monumentos Nacionales para realizar una excavación pública y abierta a observadores científicos en sectores emblemáticos del sitio.
La iniciativa contempla la presencia de especialistas independientes, representantes del Servicio Nacional de Geología y Minería (Sernageomin) y documentación audiovisual del proceso. El objetivo, explican, será transparentar la evidencia estratigráfica y someter nuevamente las interpretaciones a observación directa.
Mientras el debate científico continúa, desde la UACh sostienen que las nuevas evidencias fortalecen la tesis histórica: Monte Verde habría sido ocupado por grupos humanos hace aproximadamente 14.500 años, consolidándose como uno de los asentamientos humanos más antiguos conocidos en América.




