El registro, rescatado por un equipo de la UACh liderado por la Dra. Karen Moreno, académica del Magíster en Paleontología, corresponde huellas de ave y pequeños mamíferos que habitaron un antiguo ambiente lacustre durante el Pleistoceno. El hallazgo convertiría en uno de los más antiguos de su tipo en Chile continental.

Un hallazgo científico de alto valor patrimonial se registró en el sitio paleoarqueológico de Pilauco, en la comuna de Osorno, donde un equipo vinculado a la Universidad Austral de Chile logró rescatar huellas fosilizadas de ave que podrían alcanzar hasta los 130 mil años de antigüedad.
El descubrimiento se remonta a enero de este año, cuando Carlos Morel y Monserrat Jaure detectaron una marca inusual en terreno y decidieron consultar a su amigo, José Band, estudiante de arqueología de la casa de estudios quien activó el contacto con la Dra. Karen Moreno.
Tras una visita al sitio en marzo, la académica, junto a estudiantes y al equipo del Sitio Arqueopaleontológico Pilauco, confirmó la relevancia del hallazgo. “Constatamos que la huella de ave estaba muy bien conservada y que existía un enorme potencial para encontrar más”, señaló la Dra. Moreno.
Sin embargo, incluso antes de las copiosas lluvias de marzo, el registro se encontraba a escasa altura respecto del nivel del agua, en un sector que se inunda durante el invierno. Ante este escenario, y tras informar al Consejo de Monumentos Nacionales, se realizó un rescate que permitió recuperar una huella principal y detectar al menos otras dos de la misma ave en la misma capa sedimentaria.
¿Qué animal dejó estas huellas?
Las características apuntan a un ave de ambiente acuático, similar en tamaño a una garza grande. Una de las huellas conserva claramente el dedo posterior, lo que refuerza la hipótesis de un ave adaptada a caminar en zonas húmedas o poco profundas.
“La distancia entre los dedos es homogénea, lo que sugiere una adaptación para desplazarse sobre barro, en un entorno inestable. En cuanto a su tamaño, la huella mide 11,3 centímetros, lo que podría indicar que se trata de un animal de alrededor de un metro de altura”, explicó la Dra. Karen Moreno, académica del Magíster en Paleontología UACh.
Este hallazgo es especialmente relevante porque en Chile, registros de huellas de aves son extremadamente escasos. Los antecedentes más antiguos provienen de la Antártica y no existen registros similares para este periodo en todo el resto del país.
Sobre cómo se conservó esta huella, la muestra indica que probablemente esta ave caminó por una antigua superficie fangosa, un suelo lleno de microorganismos que actuaron como un verdadero “pegamento natural”. Esa biopelícula permitió que la huella quedara marcada con gran detalle. Luego, nuevas capas de sedimento, principalmente cenizas volcánicas retrabajadas por el lecho del paleo-lago, cayeron sobre ella y la sellaron.
Uno de los elementos más relevantes del hallazgo es su antigüedad. Las huellas se encuentran en una capa geológica más profunda que otros registros del sur de Chile, como el conocido sitio Pilauco, lo que sugiere que podrían superar ampliamente la edad de 15 mil años, acercándose a un rango de entre 100 mil y 130 mil años, dentro del Pleistoceno.
“Cuando se observa el sitio Pilauco, donde se han registrado gonfoterios, huellas humanas e incluso evidencia de un posible meteorito, todos estos elementos se encuentran en estratos superiores; es decir, corresponden a periodos mucho más recientes que la capa que actualmente estamos investigando”, agregó la paleontóloga.
“Esto es especialmente relevante, porque de hace 100.000 años no existen registros en Chile. Hasta ahora, el hallazgo más antiguo correspondía a evidencias de hace 44.000 años en Pelluhuin, Puerto Montt, con huellas de gonfoterios y guanacos, lo que da cuenta de la importancia de este nuevo descubrimiento”, destacó.
Actualmente, el equipo trabaja en la conservación del material para evitar su deterioro. Paralelamente, ha iniciado gestiones para realizar estudios de datación avanzada, ya que en este caso el carbono 14 no resulta aplicable. Por ello, se evalúan otras técnicas, como la luminiscencia estimulada ópticamente (OSL), un método que permite estimar la última vez que un sedimento estuvo expuesto a la radiación solar, cuyos resultados podrían tardar cerca de un año.
“También es posible aplicar la estratigrafía secuencial, que consiste en analizar la superposición de las capas sedimentarias. A partir de su espesor y disposición, se puede estimar, de manera aproximada, el tiempo que representa cada una”, explicó la especialista.
Previo al cierre de esta nota, el equipo identificó nuevas huellas en la muestra extraída, esta vez correspondientes a un pequeño mamífero de aproximadamente 2 centímetros, lo que amplía el alcance del hallazgo y refuerza la idea de un ecosistema mucho más diverso. Se trata de un sur de Chile muy distinto al actual, que, aunque muy desconocido, comienza a revelarse como una pieza clave para que la ciencia reconstruya el pasado prehistórico de nuestro país.
Finalmente, cabe destacar que el hallazgo abre nuevas preguntas e impulsa líneas concretas de investigación. Camilo Cárdenas, estudiante de geología UACh, desarrollará su tesis reconstruyendo la historia del sitio a partir de sus capas, mientras que se comienza a armar colaboraciones con especialistas en aves y otros investigadores nacionales e internacionales para aportar en la interpretación del registro. Se trata de un trabajo interdisciplinario en expansión, que busca comprender no solo estas huellas, sino también el entorno en que se formaron y la vida que habitó este territorio hace miles de años.





