Con más de 2 mil hectáreas y una compleja red hídrica que regula inundaciones, alberga biodiversidad y conecta la ciudad con su estuario, el Santuario de la Naturaleza Humedales de Angachilla se consolida como uno de los ecosistemas más relevantes del sur de Chile. Sin embargo, la expansión urbana, los rellenos y el cambio climático amenazan su delicado equilibrio.
Nota basada en texto de divulgación científica de Ángel Domínguez, Till Giessler y Johanna Goll.
Curso ICML134 «Agua, ecosistemas y sociedad».
Valdivia es reconocida como la ciudad de los ríos y los humedales, y en ese entramado natural el Santuario de la Naturaleza Humedales de Angachilla ocupa un lugar central. Con una superficie de 2.025 hectáreas —equivalente a casi 68 veces el Parque Saval—, este humedal constituye uno de los sistemas ecológicos más extensos y complejos de la región, cumpliendo funciones clave tanto para la biodiversidad como para la seguridad hídrica de la ciudad.
El corazón de Angachilla es su red hídrica: cerca de 40 kilómetros de ríos, esteros, lagunas y canales interconectados, una extensión comparable a un maratón o al trayecto entre Valdivia y San José de la Mariquina. Este sistema conecta aguas dulces y salobres hasta el estuario del río Valdivia, creando condiciones únicas para una alta diversidad biológica. El río Angachilla actúa como el eje principal de esta red, al que se suman humedales y cursos de agua como Miraflores, Prado Verde, Las Parras, Las Gaviotas y las lagunas de Santo Domingo, todos fundamentales para mantener el flujo y la dinámica del ecosistema.
Las áreas cubiertas de vegetación reducen la evaporación y ofrecen refugio a numerosas especies, mientras que las zonas abiertas de agua —especialmente en el cauce principal, que abarca cerca de 340 hectáreas— permiten el intercambio de gases y sostienen microhábitats clave para la vida acuática. Es en estos espacios donde se expresa con mayor claridad la relación entre agua, biodiversidad y equilibrio ecológico.
En una ciudad donde la lluvia forma parte del paisaje cotidiano, las precipitaciones también resultan decisivas para el funcionamiento del humedal. En Valdivia se estima que alrededor del 50% de las precipitaciones ingresa directamente al sistema como afluencia de agua, lo que equivale a unos 23 millones de metros cúbicos de agua al año, equivalente al agua necesaria para llenar aproximadamente 150 millones de bañeras. A este aporte se suma la interacción con las aguas subterráneas, cuyo nivel varía estacionalmente y refuerza el intercambio de agua entre el humedal y el subsuelo.
El humedal cumple además una función estratégica al recibir el drenaje de cerca del 50% de la superficie urbana de Valdivia, actuando como regulador natural frente a inundaciones. Sin embargo, junto con el agua también ingresan residuos, sedimentos, aceites e hidrocarburos, debido a la ausencia de sistemas de filtrado, lo que representa una amenaza directa para la calidad del agua y para las especies que dependen de ella.
Pese a su relevancia, el sistema hídrico de Angachilla se encuentra bajo una presión creciente. Los rellenos artificiales, la expansión urbana y la modificación de escorrentías han alterado el régimen natural del agua y fragmentado sus afluentes. A ello se suman los efectos del cambio climático, con precipitaciones cada vez más irregulares y períodos de sequía prolongados, que comienzan a impactar el funcionamiento ecológico del humedal. Este escenario motivó su declaración como Santuario de la Naturaleza, aunque especialistas advierten que la protección legal debe ir acompañada de una planificación urbana responsable y una mayor conciencia ciudadana.
